22 jun. 2013

Se acabó...

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Cuando hace no pocos años escuchaba a alguien decir "Bachillerato", lo interiorizaba como algo muy duro, algo que me costaría mucho solventar, algo que supondría un gran esfuerzo para un chico que apenas estaba empezando el instituto. No obstante, aún lo veía lejos y muy poco me preocupaba lo rápido que se iría acercando durante los próximos años.

Una gran satisfacción me invadía cada año cuando el profesor me entregaba las notas, después de todo un año trabajando para ello. Sin embargo, esta satisfacción no estaba completa pues todo lo que hacía no era sino una preparación para poder afrontar el Bachillerato y lo que llegara después.

Y ese momento llegó. El 17 Septiembre de 2012 comenzó una nueva etapa en mi vida como alumno, lo que esperaba con tanta incertidumbre se presentó ante mi. Había empezado un nuevo curso, pero no un curso cualquiera, había empezado Primero de Bachillerato.

Fue un momento de reencuentros con compañeros de años anteriores. Por otro lado, también coincidí con viejos alumnos con los que compartía clase en el colegio y nunca llegué a perder la amistad. Por lo tanto mi primera impresión fue muy buena, tenía la sensación de que me sentiría bien recibiendo clases junto a otros que también venían a estudiar. Y digo esto porque desgraciadamente a lo largo de la E.S.O no he tenido mucha fortuna en cuanto a este tema, pero gracias al apoyo de profesores y amigos conseguí salir adelante y llegar hasta donde me encuentro hoy, que no es poco.

Dejando a un lado este tema, el año académico ha tenido momentos de agobio, risas, alegrías, decepciones... Quizás se deban pasar por alto algunos aspectos del año pero son más que comprensibles. Cuando te das cuenta que desde el primer día de clase te estás jugando entrar o no en la carrera que deseas, que por un mal examen pierdes unas valiosas décimas y que incluso tu compañero de mesa podría ser quién te arrebatara esa plaza en la universidad, es normal que se generen estos momentos de tensión.

Por otro lado, hemos vivido grandes momentos de convivencia y armonía, porque cuando en este grupo todos ponían de su parte, se podían hacer grandes cosas. 

Después de meses de duro trabajo, termino está etapa para comenzar otra el año que viene. Pero antes, me espera un verano más que merecido. Llega el momento de descansar, de pasarse el día en la playa, de disfrutar en la piscina, de salir con amigos, de pasar más tiempo con la familia, practicar deporte y por qué no, aprender a hacer algo nuevo como tocar un instrumento o perfeccionar mi inglés. Esto último tengo la posibilidad de hacerlo dentro de muy poco ya que dentro de un par de semanas me marcho a un campamento bilingüe situado en un pequeño pueblo extremeño. Estoy seguro de que será una experiencia maravillosa.



P.D. Antes de publicar este artículo, quería darle las gracias a todos los compañeros con los que he compartido clase durante este año porque con el paso de los días, más que en compañeros, nos hemos convertido en amigos. También agradecer a todos los profesores que nos han acompañado durante este curso, que pese ha no estar viviendo una situación muy buena y un tanto incierta en cuanto a la economía, son capaces de olvidar cualquier problema durante las clases y transmitirnos su asignatura como si nada de esto les afectara. 

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